21 días entre Nápoles, Venecia, Verona, Florencia, la Toscana y Roma.
Italia con chicos es mucho más amigable de lo que se dice. Nuestros imperdibles: perderse por los Quartieri Spagnoli de Nápoles hasta el santuario de Maradona, navegar el Gran Canal en vaporetto en Venecia, ver una ópera (o al menos el atardecer) en la Arena de Verona, subir al Duomo en Florencia, manejar entre colinas y pueblos medievales por la Toscana, y cerrar en Roma con el Coliseo y el Vaticano. El itinerario completo, día por día, está en Italia en 21 días.
Nuestra gran lección fue en Nápoles: no vale la pena pagar de más por dormir en el centro histórico si eso implica resignar comodidad — la ciudad es chica y cualquier zona céntrica queda a 15-20 minutos a pie de todo. En general en Italia priorizamos departamentos con cocina (viajando con un nene ayuda un montón) y cercanía a una estación de tren.
El viaje completo de 21 días nos costó aproximadamente 3.500 dólares por persona, con vuelos, alojamiento, comida y atracciones incluidos. Como referencia puntual de lo que pagamos: la entrada a los Museos Vaticanos costaba 20 euros por adulto (los menores de 7 no pagan, pero igual hay que sacarles entrada), y la audioguía para niños unos 5 dólares — el mejor gasto del viaje. Los precios exactos de cada atracción, con nuestros consejos para no pagar de más, están dentro de cada crónica.
La pizza en la calle de Nápoles, comida en escalones con papel en la mano, le gana a cualquier restaurante con mantel. En Roma, la carbonara del Pastificio Borghiciana (a pasos del Vaticano) fue de las mejores de las doce que probamos, y el café de especialidad de Love merece desvío propio. En Florencia, el helado de Vivoli es religión local. Todos con sus señas en las crónicas de cada ciudad.
Hicimos casi todo en tren — Roma-Nápoles es un viaje corto y cómodo — salvo la Toscana, que pide auto sí o sí: alquilamos un Fiat 600 celeste que terminó siendo parte de la familia y recorrimos más de diez pueblos en seis días. En Venecia todo se hace a pie o en vaporetto.
Nosotros fuimos en pleno invierno: llegamos a Roma para Año Nuevo y arrancamos el año en Nápoles. A favor: las decoraciones navideñas, poca cola en varios lados y clima fresco para caminar. En contra: días cortos, algo de frío húmedo en las ciudades costeras, y las fechas festivas explotadas de gente en los puntos clásicos. Con chicos, evitar julio y agosto nos parece la mejor decisión.