Roma en 5 días fue el principio y el final de nuestro viaje por Italia. Llegamos el 31 de diciembre, dejamos las cosas en el hotel y salimos a caminar en plena noche de Año Nuevo. No llegamos despiertos hasta las doce —el cansancio del viaje pudo más—, pero los fuegos artificiales nos despertaron de madrugada, y por el estruendo que entraba por la ventana, debe haber sido increíble. Al día siguiente, 1 de enero, salimos para Nápoles. Y volvimos casi tres semanas después, del 15 al 20 de enero, para cerrar el viaje en la misma ciudad donde lo habíamos empezado.
Te contamos cómo fueron nuestros Roma en 5 días: qué vimos, dónde comimos, cómo nos movimos, y por qué esta ciudad enorme y caótica nos terminó conquistando.»
Esa primera noche: la Fontana di Trevi
La noche del 31 de diciembre, antes de que la ciudad estallara en fuegos, caminamos hasta la Fontana di Trevi. Y fue espectacular: en ese momento todavía no se cobraba entrada para acercarse (algo que con el tiempo cambió, así que verificá cómo está cuando vayas), y pudimos disfrutarla gratis, iluminada, monumental. Una de esas postales que justifican el viaje en un solo golpe de vista.

Dónde nos alojamos
Para el tramo largo del viaje (15 al 20 de enero) alquilamos un departamento por Airbnb cerca de Castel Sant’Angelo, y la ubicación era excelente: a pasos del río, cerca del Vaticano, bien conectado para caminar a todos lados. Para ser honestos, no todo fue perfecto: el wifi fallaba y el agua caliente también nos jugó alguna mala pasada. Pero en general cumplió, y la zona vale muchísimo la pena. Si buscás dónde quedarte en Roma, esta parte de la ciudad es una gran apuesta.
Un detalle práctico que se volvió clave: como nos quedaba «de paso», casi todas las noches volvíamos caminando por la Via del Corso, doblábamos en Via Tomacelli, y ahí parábamos en LaESSE, un pequeño supermercado, a comprar la comida. De ahí estábamos a dos cuadras de casa. Ese pequeño ritual —caminar la ciudad de noche, comprar algo simple, cocinar en el departamento— se volvió parte del viaje. Con un nene de cinco años, poder armar una cena tranquila en casa sin pelear con un restaurante cada noche es oro puro, y lo recomendamos como estrategia para cualquier familia.
Día 1: Panteón, Piazza Navona y el centro histórico a pie
Llegamos a la estación de Termini desde Florencia -devolviamos el auto ahí- y, como el check-in del Airbnb era a las 15, hicimos tiempo ahí mismo: comimos en un Five Guys (sí, en Roma, no nos juzguen, a veces uno quiere lo conocido). Dejamos las valijas y salimos a caminar.


Primera parada: el Panteón, y qué manera de empezar. Es increíble. La cúpula con el óculo abierto al cielo, las proporciones perfectas, dos mil años de historia que se sienten apenas entrás. De ahí seguimos a Piazza Navona, con sus fuentes y su ambiente; pasamos por la Piazza del Biscione, y ya entrada la noche cruzamos por Largo di Torre Argentina, ese conjunto de ruinas hundidas en el medio de la ciudad donde —dato simpático— hoy vive una colonia de gatos. Volvimos caminando a casa, con la parada en LaESSE, y cerramos el primer día.


El tour del micro: la mejor forma de abarcar Roma

Dentro de nuestro Roma en 5 dias, el día que visitamos el Coliseo también lo dedicamos al micro turístico descubierto (el hop-on/hop-off, de los que vas subiendo y bajando en cada parada). Un consejo: da igual la empresa que elijas, todas hacen prácticamente el mismo recorrido, así que no te vuelvas loco comparando. Subimos arriba de todo, al aire libre, y le dimos la vuelta entera a la ciudad, pasando por el Circo Máximo y un montón de puntos más. Es recomendable, sobre todo para tener una primera foto mental de cómo se conecta Roma, y para descansar las piernas un rato mientras seguís paseando. A Vicente le encantó ir arriba, con el viento en la cara.
Plaza España, shopping y la Apple más grande de Europa
Otra tarde caminamos hasta la Plaza de España y su famosa escalinata, donde hicimos un poco de shopping por la zona (es el barrio de las marcas). Y una parada que para nosotros fue inesperada pero genial: la Apple Store de Via del Corso, considerada una de las más grandes y espectaculares de Europa, montada en un palacio histórico restaurado. Vicente se entretuvo un buen rato ahí, y la verdad que el lugar vale la visita aunque no vayas a comprar nada.


Trastevere: el barrio que hay que caminar
No se puede ir a Roma y no cruzar a Trastevere, el barrio de calles empedradas, paredes ocres, arte callejero y restaurantes por todos lados. Caminamos sus calles angostas, nos perdimos un rato (de la mejor manera), y nos encontramos con un local de Jimmy Fairly, una de nuestras marcas de anteojos favoritas, que no esperábamos cruzar ahí. Trastevere es de esos lugares que se disfrutan sin agenda, simplemente caminando.




El último día: lluvia, recuerdos y el cierre
El último día nos agarró la lluvia. Compramos algunos recuerdos por la zona de la Fontana di Trevi, caminamos una vez más por la Via del Corso —que a esa altura ya sentíamos nuestra—, y antes de que el día se terminara, hicimos la parada obligatoria en nuestra heladería favorita del viaje: Amorino. Sus helados con forma de flor, además de riquísimos, son preciosos. Un cierre dulce, literal, para el viaje.
Esa noche volvimos al departamento, cenamos algo tranquilo, y descansamos un rato: a la madrugada nos pasaba a buscar un auto para el aeropuerto. Así terminó nuestro paso por Italia, en la misma ciudad donde había arrancado.
Algunas cosas que intentamos y no salieron (y está bien)
No todo en un viaje sale como uno planea, y contarlo también es parte de la honestidad. Quisimos ver el famoso agujero de la cerradura del Priorato de Malta (esa «cerradura mágica» desde la que se ve la cúpula de San Pedro perfectamente enmarcada), pero había dos horas de cola. Abortamos misión. Como premio consuelo, fuimos a conocer la nueva estación de metro del Coliseo, recién inaugurada y muy linda.


Dónde comimos (las del centro y los paseos)
- Five Guys (Termini) — para hacer tiempo el día de llegada. No es gourmet, pero cumple.
- Amorino — nuestra heladería favorita. Helado en forma de flor. Imperdible.
- LaESSE (Via Tomacelli) — el pequeño súper que se volvió nuestra cocina improvisada y ritual nocturno.
(Los grandes restaurantes de Roma —los del Coliseo, el Vaticano y los cafés de especialidad— se los contamos en los próximos posts, porque se merecen capítulo aparte.)
¿Vale la pena Roma en 5 días?
Roma es caótica, enorme, intensa. No es una ciudad que te abraza de entrada como Verona o Lucca. Pero tiene algo que ninguna otra tiene: la sensación de caminar literalmente sobre dos mil años de historia, de doblar una esquina cualquiera y encontrarte con una ruina, una fuente, una iglesia que en cualquier otro país sería atracción nacional y acá es simplemente «una más».
Para nosotros, que la tuvimos como puerta de entrada y de salida del viaje, Roma terminó siendo mucho más que una escala. Fue el marco perfecto: la ciudad que nos recibió con fuegos artificiales y nos despidió bajo la lluvia, con un helado en la mano.
Volveríamos sin pensarlo. Y esta vez, sí nos quedaríamos despiertos hasta las doce.




