Verona: la sorpresa más linda del viaje por Italia

De los cinco destinos de nuestro recorrido por Italia, Verona fue la gran sorpresa. Llegamos sin grandes expectativas, pensando que era una parada obligada entre Venecia y Florencia, y nos terminamos enamorando. Fácil de caminar, fácil de conocer, tranquila, linda, con cultura, gastronomía, historia y hasta shopping. De los tops del viaje, sin dudas.

El 5 de enero a la mañana nos subimos al tren en Venecia. Salimos tipo 11 en un Frecciarossa que en menos de dos horas nos dejó en la estación Verona Porta Nuova. Tres días enteros nos esperaban en la ciudad de Romeo y Julieta — y, además, en pleno clima navideño que en Verona se vive a lo grande.

Llegada a Verona en tren Frecciarossa desde Venecia
Florencia recién bajada del Frecciarossa en la estación Porta Nuova.

Dónde nos quedamos: el mejor alojamiento del viaje

Paramos en un Airbnb a dos cuadras del río Adigio, por fuera del centro viejo, y terminó siendo el alojamiento más amplio y mejor de todo el viaje por Italia. Departamento moderno, ambientes grandes, ascensor, todo impecable. Un lujo. No tenía televisor, pero tampoco hizo falta.

Airbnb amplio en Verona con dormitorio principal
El alojamiento más amplio y cómodo de todo el viaje por Italia.

Recomendación: quedarse cerca del centro pero del otro lado del río le da otra dimensión al viaje. Cruzás un puente, entrás al casco viejo, y al final del día volvés a un barrio tranquilo, residencial, sin turistas. Lo mejor de los dos mundos.

Piazza delle Erbe: la plaza más linda

Piazza delle Erbe es, en nuestra opinión, una de las plazas más lindas de Italia. Larga, angosta, rodeada de palacios pintados con frescos, con una fuente en el medio (la Fontana Madonna Verona) y la Torre dei Lamberti dominando todo. En enero estaba decorada para las fiestas, con un mercado navideño instalado en sus puestos, un belén enorme bajo unas columnas, y luces colgadas de un extremo a otro.

Pesebre navideño bajo columnas en Piazza delle Erbe Verona
Vicente frente al belén instalado en la Piazza delle Erbe.

A pocos metros, conectando con Piazza dei Signori, está el Arco della Costa, con esa famosa «costilla de ballena» colgando del techo. Dice la leyenda que cae sobre la primera persona honesta que pase por debajo, y por eso lleva siglos ahí.

Arco della Costa en Verona iluminado de noche con árbol navideño
El Arco della Costa con su famosa «costilla de ballena» y árbol navideño al fondo.

Piazza dei Signori y el árbol de Navidad

A pocos metros está la Piazza dei Signori, más solemne, presidida por una estatua de Dante y con el imponente edificio del antiguo gobierno veronés. En el centro de la plaza, un árbol de Navidad gigante iluminado le daba un aire de pueblo encantado.

Árbol de Navidad gigante iluminado en Piazza dei Signori Verona
El árbol de Navidad en Piazza dei Signori.

En esos días también recorrimos un local exclusivo de Navidad en una placita cercana a la Erbe — decoraciones, adornos, luces, todo tematizado. Si viajan con chicos en estas fechas, paso obligado. Y un par de instalaciones de luces gigantes en distintas plazas, ideales para los nenes (y los grandes también).

Instalación de luces navideñas rosa en Verona
Las instalaciones navideñas eran un atractivo en sí mismo.

La Casa de Julieta: el balcón sin entrar

La famosa Casa di Giulietta es uno de los puntos más turísticos de Verona. Pagás entrada para subir al balcón y entrar al museo, pero la realidad es que no vale la pena pagar. Desde el patio se ve el balcón perfectamente y abajo está la estatua de bronce de Julieta.

Patio de la Casa de Julieta en Verona con el balcón famoso
El patio de la Casa de Julieta, el ícono romántico de Verona.
Balcón de Julieta en primer plano en Verona
El famoso balcón, símbolo del amor de Romeo y Julieta.

Y acá va una tradición: a la estatua le tocan el pecho derecho buscando suerte en el amor. Tiene el bronce gastado y reluciente de tanta gente que se le acerca. Florencia se prestó. Después Agus, que como buen marido no se quería quedar atrás, también.

Florencia toca la estatua de Giulietta tradición de la suerte en el amor
Florencia respetando la tradición: tocarle el pecho a Julieta para tener suerte en el amor.
Agustín tocando la estatua de Giulietta en Verona
Y Agus por las dudas también.

Nuestra recomendación: entrar al patio (que es gratis), sacar las fotos, ver el balcón desde abajo, tocarle el pecho a Julieta y seguir. Lo importante es estar ahí, no pagar para subir 30 segundos y por algo que realmente no vale la pena.

La peatonal Via Mazzini y un secreto: KWAY

Conectando Piazza Bra con Piazza delle Erbe, la Via Mazzini es la peatonal comercial más linda de Verona. Adoquines blancos lustrados, edificios elegantes, vidrieras impecables. Caminarla al atardecer, con las luces navideñas colgadas, es un placer.

Via Mazzini peatonal de Verona con luces navideñas al atardecer
Via Mazzini al caer la tarde, con las luces navideñas colgadas de los edificios.

Acá una confesión personal. Somos fanáticos de KWAY, esas camperas plegables que se guardan en una bolsita. Cuando supimos que en Verona había uno de los locales exclusivos de la marca, en Corso Porta Borsari, fue uno de los puntos fijos del itinerario.

Entramos al local y nos quedamos un buen rato. El vendedor nos contó la historia y la terminamos investigando por internet después: KWAY nació en Francia en los años 60, después se volvió italiana, y se convirtió en un símbolo de funcionalidad europea. Compramos varias cositas para nosotros — y la campera que se ve en algunas fotos del post es de ahí.

Campera KWAY comprada en local exclusivo de Verona
Estrenando la KWAY recién comprada en el local de Corso Porta Borsari.

A unos metros, en la misma Via Mazzini, encontramos también un Petit Bateau, otra marca francesa que nos gusta. Aprovechamos y le compramos cositas a nuestra nueva sobrinita.

La Arena de Verona: 2000 años en pie

La Arena di Verona es el anfiteatro romano del siglo I, el tercero más grande del mundo después del Coliseo y el de Capua. Y a diferencia de otros, sigue funcionando: cada verano se montan óperas y conciertos para 15.000 personas.

Arena de Verona anfiteatro romano vista panorámica interior
La Arena de Verona, el tercer anfiteatro romano más grande del mundo.

Entrar es completamente recomendable. Recorrés los pasillos interiores con esa piedra que tiene dos mil años, subís a las gradas más altas, y desde ahí ves la ciudad entera por arriba de las murallas.

Pasillos interiores de la Arena de Verona con arcos de piedra
Florencia y Vicente recorriendo los pasillos interiores de la Arena, dos mil años de piedra.
Selfie familiar en lo alto de la Arena de Verona
Selfie obligatorio desde lo alto de la Arena.

Le vamos a dedicar un post propio en breve, porque merece más espacio del que le podemos dar acá.

El show de los caballos de luz

Algo que no esperábamos: una noche, en la Piazza Bra (la enorme plaza que está frente a la Arena), nos encontramos con un show callejero con caballos inflables gigantes iluminados, performers manejándolos al ritmo de música en vivo. Algo entre teatro y espectáculo navideño, único, hipnótico.

Show callejero de caballos inflables iluminados en Piazza Bra Verona
El show callejero con caballos inflables iluminados en Piazza Bra.

Vicente quedó pegado al asfalto mirando, y nosotros también. Una de esas cosas que pasan cuando uno está en el lugar correcto, en el momento correcto.

El Duomo, las puertas medievales y caminar sin rumbo

Verona se camina muy bien. En tres días hicimos casi todo a pie. Recorrimos el Duomo de Verona, la catedral con su fachada de mármol rosado iluminada por el sol de la tarde, una de las imágenes más bonitas del viaje.

Duomo de Verona catedral fachada al atardecer
El Duomo de Verona al atardecer, con la fachada de mármol rosado encendida.

Cruzamos arcos y puertas medievales que aparecen en cada esquina, recuerdo de cuando Verona era una ciudad amurallada.

Puerta medieval del centro histórico de Verona
Una de las puertas medievales que aparecen en cada esquina del centro.

El Ponte Pietra y los atardeceres sobre el Adigio

Una de las mejores cosas de Verona es bordear el río Adigio, que serpentea por toda la ciudad. El Ponte Pietra es el puente romano original, reconstruido después de la Segunda Guerra Mundial con las piedras originales que los alemanes habían volado al retirarse. Desde ahí se ve el Castel San Pietro en la colina, y la cúpula de San Giorgio in Braida.

Florencia y Vicente con el río Adigio y Castel San Pietro Verona
Vista del río Adigio con el Castel San Pietro en la colina al fondo.
Ponte Pietra puente romano sobre el río Adigio en Verona
El Ponte Pietra, el puente romano original sobre el río Adigio.

Pero lo mejor del Adigio son sus atardeceres. Los cielos de Verona en enero, sobre el agua, son de otro planeta. Rosas, naranjas, violetas, todo al mismo tiempo.

Atardecer rosa sobre el río Adigio en Verona
El atardecer rosa de Verona sobre el Adigio. Difícil olvidarlo.
Atardecer naranja en Verona junto al río Adigio
Cada atardecer de Verona, una postal nueva.
Atardecer con Castelvecchio y Ponte Scaligero en Verona
El cielo encendido sobre Castelvecchio y el Ponte Scaligero.

Dónde comimos: tres recomendaciones para anotar

Verona nos sorprendió también por la comida. Tres lugares para no perderse:

Crunch — Renato Bosco

Crunch, la pizzería al taglio del famoso pizzaiolo Renato Bosco. Espectacular. Pizza de masa madre, ingredientes de primera, ambiente moderno. Y nos atendió una argentina, que nos hizo sentir como en casa. Una de las mejores comidas del viaje.

La Prosciutteria de Verona

En plena Piazza delle Erbe, La Prosciutteria ofrece tablas de embutidos y quesos italianos, vinos de la zona, y tiene un balconcito al primer piso con vista a la plaza que es una postal. Acá probamos por primera vez el Brunello di Montalcino, uno de los vinos tintos más prestigiosos de Italia (de la zona de Toscana, que íbamos a visitar pocos días después). Redondo, profundo, inolvidable.

Fachada de La Prosciutteria en Piazza delle Erbe Verona
La Prosciutteria, en plena Piazza delle Erbe.
Sandwiches de prosciutto en La Prosciutteria de Verona
Sandwiches de prosciutto y embutidos italianos, acompañados de Brunello di Montalcino.

Amido — pasta al paso

Amido es un local chico de pasta al paso sobre la peatonal. Elegís el tipo de pasta y la salsa, te la sirven al momento en un envase para llevar, y la comés caminando o sentado en cualquier escalón. Excelente, fresco, sabroso, barato. Ideal para un almuerzo rápido sin resignar calidad.

Vicente comiendo pasta sentado en escalones de la calle en Verona
Comer la pasta sentados en cualquier escalón. Plan inmejorable.
Pasta al paso de Amido para llevar en Verona
La pasta de Amido para comer caminando, con la calle de Verona de fondo.
Vidriera del local Amido pasta al paso en Verona
Vicente eligiendo en la vidriera de Amido.

Bonus: el super y el Bar Al Duomo

Como nuestro Airbnb tenía cocina, encontramos un supermercado cerca donde compramos para desayunar en casa los tres días. Pequeño gesto pero que cambia el viaje: levantarte en tu casa, prepararte un café, comer fruta fresca y salir relajado.

Y para la merienda, una mañana paramos en el Bar Caffetteria «Al Duomo», frente a la catedral, donde probamos unos postres clásicos italianos — tarta de chocolate con avellanas, tartita de pistacho y un trozo de panettone con azúcar impalpable. Espectacular.

Cartel del Bar Caffetteria Al Duomo en Verona
Caffetteria Al Duomo en VeronaEl Bar Caffetteria Al Duomo, frente a la catedral.
Postres italianos tartas de pistacho chocolate y panettone en Verona
Tarta de chocolate con avellanas, tartita de pistacho y un trozo de panettone.

¿Vale la pena Verona?

Tres veces sí. Verona es uno de esos destinos que no tiene fama de imperdible pero termina siendo de los mejores del viaje. Es chica, manejable, segura, hermosa, con historia romana y medieval, con gastronomía propia, con vida cultural intensa, con shopping europeo en cantidades.

Tres días nos parecieron justos: ni nos sobró tiempo ni nos faltó. Si están armando un viaje por Italia y la pensaban como parada de paso entre Venecia y Florencia, denle al menos dos noches. Se merece eso, y más.

Al día siguiente nos subiríamos al tren rumbo a Florencia. Pero Verona ya se había ganado un pedazo del podio del viaje.

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