Dormir en el medio del campo toscano: la casa de Noce
De todo lo que hicimos en los seis días por la Toscana, lo que más recordamos no es un pueblo ni un monumento. Es una casa.
La alquilamos por Airbnb en Noce, un pueblito en el medio del campo, y dormimos ahí dos noches. Llegamos después de dos días de ir encadenando ciudades —Pistoia, Lucca, Pisa, Volterra— y nos sirvió para bajar el ritmo antes de meternos en Roma, que era el final del viaje.
Esto estaba a cien metros de la puerta de la casa
El cambio de ritmo
Veníamos a un promedio de dos pueblos por día. Eso funciona: la Toscana en auto da para eso y los pueblos están cerca unos de otros. Pero después de un par de días así, aflojar un poco la agenda se agradece.
Lo primero que hicimos fue parar en un supermercado y comprar cositas. Suena a nada y es exactamente el punto: por primera vez en el viaje íbamos a cocinar nosotros, en vez de buscar dónde comer.
Y la casa tenía una vista que hacía todo el trabajo. No había que ir a ningún lado para tener paisaje: estaba del otro lado de la ventana.
Igual salimos. Desde Noce recorrimos la zona con el auto, que es para lo que uno va a la Toscana. La diferencia era la vuelta: en vez de buscar dónde cenar en un pueblo desconocido, volvíamos a una casa, cocinábamos nosotros, Vicente correteaba por afuera hasta cansarse, nos sentábamos a tomar mate mirando las colinas y a la noche vimos una película. En el medio de un viaje a Italia, ver una peli tirados en un sillón suena a desperdicio. Fue de lo mejor que hicimos.
La terraza cuando ya se fue el sol. Después de esto, silencio total
El ciprés de siempre, el de los calendarios. Solo que este era el nuestro
Lo que gana un viaje cuando dormís en el campo
Hay tres cosas concretas, más allá de lo lindo del paisaje:
Dejás de hacer y empezás a estar. No es dejar de recorrer: es sacarle la presión al recorrido. Salís porque querés, no porque el hotel se paga igual y hay que aprovecharlo.
Se come mejor y más barato. Con cocina propia, el desayuno y alguna cena salen de la heladera. Eso en Italia, donde se come bien hasta en el supermercado, no es ningún sacrificio.
Se descansa de verdad. No es que dejes de recorrer: salís igual. Pero volver a una casa en vez de a un hotel, con cocina y sin tener que resolver la cena, hace que el día siguiente arranque distinto.
La Lemon Soda, el gran descubrimiento italiano de Vicente
Los miradores de alrededor
La otra ventaja de dormir en el campo es que el campo mismo es el paseo. Desde Noce salimos a dar vueltas sin destino y paramos donde el camino se abría.
Vicente asomándose por la muralla. Estos miradores aparecen solos cuando manejás sin apuro
Más al sur, ya camino a Montepulciano, está el Val d’Orcia: las colinas onduladas con cipreses en fila que son la postal de toda la región. Está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y cuando lo ves en vivo entendés por qué el paisaje entero está protegido como si fuera un monumento.
El Val d’Orcia en enero: verde, vacío y con las colinas haciendo lo suyo
Desde el mirador de Montalcino, el pueblo del Brunello
Lo que no es tan lindo
Para ser honestos: una casa en el campo no es para todo el mundo.
Sin auto no existe. No hay nada caminando y no pasa transporte público. Si no vas a alquilar, esto no es para vos. Y si te olvidás algo en el supermercado, te comés veinte minutos de ida y veinte de vuelta.
En temporada baja hay poco abierto alrededor. Fuimos en enero: algunos lugares funcionan, pero varios no. Si contabas con salir a cenar cerca todas las noches, puede que no haya dónde — otro motivo para tener la heladera llena.
Datos prácticos
- Cuántas noches: dos funcionaron perfecto. Una sola no alcanza para que el cambio de ritmo haga efecto.
- Dónde ponerla en la ruta: a mitad del viaje, después de los primeros días de ciudades. Si la ponés al principio, todavía venís con energía y la desaprovechás.
- El auto es obligatorio. No lo pienses dos veces.
- Comprá antes de llegar. Parar en un supermercado de un pueblo grande en el camino te ahorra el viaje después.
- Temporada baja: menos gente, más frío, y varias cosas cerradas alrededor. A nosotros nos compensó; si viajás para comer afuera todas las noches, quizá no.
- Qué buscar en el anuncio: vista, cocina equipada y un espacio afuera para sentarse. El resto da igual.
Si estás armando la ruta, el consejo corto es este: metele dos noches de campo en el medio. Y si querés ver cómo encaja con el resto, está todo en la crónica completa de la Toscana en auto.