Monument Valley: el far west de verdad (y el tour que negociamos como en una feria)
Todos vimos Monument Valley antes de conocerlo. Está en el fondo de decenas de películas del oeste, de publicidades y de fotos de ruta: esas torres de roca roja paradas en el medio de la nada, con la tierra naranja y el horizonte plano hasta donde te da la vista. Llegar y encontrarte con que es igual pero de verdad es una sensación rara y linda.
Fue el punto más al este de nuestros 25 días por la Costa Oeste en motorhome, y también el cuarto estado de la travesía: acá tocamos Utah.
Primero: esto no es un parque nacional
Un detalle que conviene saber antes de ir. Monument Valley no es un parque nacional de Estados Unidos: es un parque tribal de la Nación Navajo, administrado por ellos. ¿Qué significa en la práctica? Que el pase America the Beautiful no sirve acá y que se paga una entrada aparte, más barata pero independiente.
Veníamos del Gran Cañón y llegamos sin drama con el motorhome: como en casi todos estos lugares, Estados Unidos está preparado para recibir vehículos grandes y estacionar no fue problema.
En el camino paramos en uno de esos trading posts de ruta que aparecen en el medio de la nada: un galpón pintado de celeste con carteles de arts, crafts, pottery, jewelry y puestos de artesanías navajas afuera. Ahí aprovechamos para hacer la foto que le debíamos al viaje: los cuatro trepados al techo de nuestro Winnebago Minnie Winnie, que a esa altura ya era un integrante más de la banda.
El Minnie Winnie y su tripulación, en un trading post camino a Monument Valley
La postal clásica: West Mitten, East Mitten y Merrick Butte, con el camino de tierra serpenteando abajo
El tour que negociamos a la criolla
Se puede recorrer el circuito de tierra por cuenta propia, pero nosotros enganchamos un tour en camioneta con los guías locales, y ahí pasó algo que nos hizo sentir en casa: el precio se negocia. Igualito que en cualquier feria de Sudamérica, el primer número que te tiran nunca es el final. Regateamos un rato, conseguimos descuento y arrancamos.
La camioneta es abierta, con techito y bancos atrás. Genial para las fotos y para meterse por caminos donde un auto común no llega. Pero acordate de un detalle: era enero, en el desierto, y estaba cayendo el sol.
El tour en camioneta abierta. Las caras lo dicen todo: hacía un frío bárbaro
Esa foto es el mejor resumen de la tarde: los cuatro apretados atrás, con gorros rusos, cuellos hasta la nariz y guantes, mirando el paisaje más impresionante del viaje mientras se nos congelaba la cara.
Rocas con forma de animales
Lo que el tour te da y el mirador no es el detalle. El guía te lleva por adentro del valle y te va mostrando formaciones que desde lejos son solo torres, pero de cerca tienen nombre y forma propia: muchas parecen animales. Un elefante, un camello, unas hermanas paradas en fila. Es de esas cosas que suenan a cuento para turistas hasta que las ves y decís “ah, no, es igual”.
El otro dato que uno no dimensiona hasta estar ahí es la escala. Esas torres tienen cientos de metros de altura. Cuando ves una camioneta allá abajo, del tamaño de una hormiga en el camino de tierra, recién entendés dónde estás parado.
La banda completa, con una de las buttes enormes atrás. Ahí se entiende la escala
En el mirador principal, con las Mitten de fondo
La foto obligatoria. Gorro ruso, otra vez, y con razón
Cuando ya era casi de noche nos volvimos a subir al motorhome y le metimos dos horas de ruta a oscuras hasta Page, para dormir cerca de lo que venía al otro día: Horseshoe Bend y Antelope Canyon, que terminó siendo el mejor día del viaje.
Datos prácticos
- No es parque nacional: es parque tribal navajo. El pase America the Beautiful no vale acá. La entrada se paga aparte y es económica (al momento de escribir esto, unos US$10). Chequeá el valor vigente antes de ir.
- El circuito de tierra (Valley Drive, unos 27 km) se puede hacer por cuenta propia, pero es un camino natural, sin asfaltar y bastante castigado. Con auto chico vas a sufrir. Si no querés arriesgar el vehículo — o si tenés motorhome —, el tour con guía local resuelve todo.
- Negociá el precio del tour. En serio: el primer número nunca es el último. Y elegir guías navajos tiene otra ventaja: son de acá y cuentan la historia del lugar desde adentro.
- Abrigate más de lo que creas necesario si vas en invierno. El tour es en camioneta abierta y el desierto se pone helado apenas baja el sol.
- El mejor momento es el atardecer, cuando la roca roja se enciende. Nosotros llegamos justo con esa luz y valió cada grado de frío.
- Combinala con Page: quedan a unas dos horas y hacen un tramo redondo.
De todo el viaje, Monument Valley fue el lugar que más nos hizo sentir que estábamos adentro de una película. Solo que la película éramos nosotros, muertos de frío, en la parte de atrás de una camioneta.