Omaha Beach y el cementerio americano: 9.389 cruces frente al mar
Uno llega a Normandía sabiendo que va a ver playas. Lo que no se anticipa es lo que pasa cuando te parás arriba del acantilado y mirás hacia abajo: abajo hay arena, mar, gente caminando, un paisaje totalmente común. Y atrás tuyo hay nueve mil cruces blancas.
Ese contraste es Omaha Beach. Fue la parada que más nos marcó de todo el viaje por Normandía, y la única sobre la que dudamos si escribir, porque cuesta encontrarle el tono.
Dónde estamos parados
Antes de entrar conviene ubicarse, y el propio lugar te ayuda con esos mapas en relieve que hay repartidos por la zona: el 6 de junio de 1944, los aliados desembarcaron en cinco playas de la costa normanda. De oeste a este: Utah y Omaha (estadounidenses), Gold (británica), Juno (canadiense) y Sword (británica).
Las cinco playas del desembarco. Omaha, en rojo, fue la más sangrienta
Omaha fue la peor. Los acantilados le daban a los defensores alemanes una posición dominante sobre una playa larga y sin refugio, y las bajas fueron enormes. Es la playa que quedó en el imaginario de todo el mundo por las películas, pero ahí abajo pasó de verdad.
Desde el mirador. Hoy es una playa más de la costa normanda
El cementerio
Sobre el acantilado, mirando al Canal de la Mancha, está el Cementerio Americano de Normandía, en Colleville-sur-Mer. Se entra por un camino entre pinos, ancho y prolijo, y todo el diseño del lugar está pensado para que llegues despacio.
El acceso: se camina despacio, casi sin querer
Y después se abre el campo, y no hay foto que lo prepare. 9.389 tumbas, en filas perfectas sobre un césped impecable, extendiéndose hasta donde llega la vista. Casi todas son cruces de mármol blanco; entre ellas, cada tanto, aparece una Estrella de David. Cada una tiene un nombre, una unidad, un estado de origen y una fecha.
Nueve mil trescientas ochenta y nueve. Entre las cruces, las Estrellas de David
Desde cualquier ángulo que te pares, las filas se alinean solas
Lo que más impresiona no es el número. Es el silencio. Hay cientos de personas caminando ahí adentro y no se escucha nada: nadie habla fuerte, nadie pone música, nadie corre. Es un silencio que se arma solo, sin que nadie te lo pida.
Al fondo, entre los árboles, se ve el Canal. Todos están enterrados mirando al mar
El memorial y el muro de los desaparecidos
En un extremo está el memorial, con un espejo de agua larguísimo que refleja las nubes y las columnas. Es de una calma rara.
El espejo de agua frente al memorial
Adentro hay un mapa enorme tallado en la pared que cuenta el desembarco y el avance aliado en las semanas siguientes, con flechas rojas abriéndose tierra adentro. Sirve para entender la escala de la operación: no fue un día, fue una campaña entera.
El mapa del desembarco y de todo lo que vino después
Y está el Muro de los Desaparecidos, con 1.557 nombres de los que nunca aparecieron. Al lado de algunos hay una roseta grabada: significa que ese cuerpo fue identificado después. Son poquitas.
Un nene de dos años ahí adentro
Vicente recorrió el cementerio en el cochecito. Y hay algo en esa imagen que nos quedó dando vueltas: un chico de dos años, del que solo se espera que esté cómodo y de buen humor, paseando entre las tumbas de miles de pibes que no llegaron a los veinticinco.
Él no entendía nada, y por eso mismo la foto dice tanto
No le explicamos nada, obvio. Pero en algún momento se lo vamos a contar con esta foto en la mano.
Datos prácticos
- La entrada es gratuita y no hace falta reservar. Está en Colleville-sur-Mer, sobre el acantilado de Omaha Beach.
- Horario: de 9 a 17, todos los días excepto el 25 de diciembre y el 1 de enero. Al momento de escribir esto — conviene chequearlo antes de ir.
- Calculá una hora y media como mínimo. Entre el centro de visitantes, el cementerio, el memorial y bajar al mirador sobre la playa, se va el tiempo sin darte cuenta.
- Es un cementerio, no una atracción. Hay familias de los caídos visitando. Se pide silencio, no caminar entre las tumbas y vestirse con respeto. Nadie te lo va a decir: se nota solo.
- Con chicos: los caminos son anchos y lisos, así que el cochecito anda perfecto. Es de los pocos lugares del viaje donde eso no fue un problema.
- Combinalo con Arromanches y Bayeux — quedan cerca y juntos cuentan la historia completa: el desembarco, los puertos artificiales y la primera ciudad liberada.
De todo lo que vimos en Francia, este es el lugar del que menos fotos sacamos y del que más nos acordamos. Uno viaja para ver cosas lindas, y está bien. Pero cada tanto conviene pararse en un lugar así, en silencio, un rato largo.