Notre Dame: la suerte de haberla conocido antes del incendio
Hay fotos que con el tiempo cambian de valor. Estas las sacamos una mañana gris de nuestro viaje por Francia, sin saber que unas semanas después el mundo entero iba a estar mirando esa misma catedral envuelta en llamas. El 15 de abril de 2019, la aguja de Notre Dame se derrumbó en vivo ante los ojos del planeta. Nosotros habíamos estado ahí adentro poco antes.
Una mañana de paraguas
Llegamos bajo la lluvia, caminando por la Île de la Cité en un típico día de paraguas en el aire: cielo plomizo, agua fina y la explanada llena de gente igual. Notre Dame no cobraba entrada — la catedral era (y volvió a ser) gratuita — así que entramos rápido, sin fila que valga la pena mencionar. La fachada de frente impone: las dos torres gemelas, el rosetón, las tres portadas talladas con santos y reyes. Ochocientos años de historia paradas frente a vos.
A las torres no subimos: eso sí se paga aparte y hay que sacar turno con anticipación. Nos quedamos con la catedral, que ya es bastante.
La fachada, una mañana gris de invierno. Semanas después, el mundo la miraría en llamas
Adentro: la nave que después ardió
Adentro estaba lleno de gente, pero el clima cambia por completo igual: la multitud camina despacio y en silencio, entre la penumbra y esa nave gótica infinita con las arañas de luces encendidas guiando la vista hasta el altar. La bóveda que se ve en esta foto sostenía la famosa “selva” de vigas de roble medieval: exactamente lo que el fuego se llevó.
La nave central, con la bóveda que sostenía el techo de madera que se perdió en el incendio
Bordeando el coro nos encontramos con uno de esos tesoros que no aparecen en las postales: los relieves medievales policromados del siglo XIV, escenas de la vida de Jesús talladas y pintadas hace 700 años. Sobrevivieron al incendio y hoy siguen ahí, restaurados.
Los relieves del coro: 700 años de historia en colores que todavía brillan
La sorpresa argentina
Y de repente, en una de las capillas laterales, frenamos en seco: una bandera argentina. Al lado, chiquita y con su manto celeste inconfundible, la Virgen de Luján. En plena catedral de París, a 11.000 kilómetros de casa, la patrona de los argentinos tenía su rincón con flores frescas y todo. Ese tipo de encuentros inesperados son los que le dan sentido a viajar: cruzar medio mundo para encontrarte con algo tuyo.
La Virgen de Luján y la bandera argentina, en una capilla de Notre Dame. De las sorpresas más lindas del viaje
Antes de salir, una última postal: los vitrales de las capillas con sus techos pintados de azul y estrellas doradas, y las velas encendidas de los que pasaron antes que nosotros.
Vitrales, cielo estrellado y velas: el rincón más fotogénico de la catedral
Datos prácticos
- Hoy se puede volver a visitar: Notre Dame reabrió en diciembre de 2024, tras cinco años de restauración. La entrada a la catedral sigue siendo gratuita.
- Las torres se pagan aparte y hay que sacar turno con anticipación. Nosotros no subimos por eso mismo: si te interesa, resolvelo antes de viajar.
- Conviene ir temprano. Nosotros entramos rápido incluso con lluvia, pero adentro estaba lleno de gente igual: es de los lugares más visitados de París.
- Está en la Île de la Cité, a pasos de la Sainte Chapelle — combinarlas el mismo día es la jugada perfecta.
- Adentro se puede recorrer el perímetro completo de la nave; no te pierdas los relieves policromados del coro, que muchos pasan de largo.
Volver a ver estas fotos hoy nos da una mezcla rara de tristeza y gratitud. Nos tocó conocer la Notre Dame de siempre, la de los 800 años, semanas antes de que cambiara para siempre. Y si algo nos enseñó ese incendio es la regla de oro del viajero: los lugares no te esperan — andá ahora.